
Empezando el camino desde Ambato, nos dirigimos a la Latacunga. Los rótulos nos encaminaron fácilmente al cantón Pujilí, un lugar acogedor y mucho más grande de lo que me imaginé. El rótulo de bienvenida, aparte de anunciar la llegada a uno de los cantones de la provincia de Cotopaxi, despertó mi curiosidad por observar muy de cerca un lugar que poco a poco va atrayendo la atención de turistas.
Algo que siempre me llama la atención en Ecuador, son las montañas que rodean la Sierra ecuatoriana. Lugares con vegetación única, que producen plantas en una gama de colores durante todo el año. Sin embargo, no es eso lo que me pareció más atractivo de este cantón, aún a pesar de que el verdor del campo es encantador. Lo impresionante es la bienvenida acogedora que este maravilloso pueblo ha preparado para los visitantes. Uno a uno aparecen los rótulos que hablan del arte único de este cantón. Murales de instrumentos musicales, cerámica, barro, y fotos de indigenas que son la cultura y corazón de este pueblo. Cada anuncio, delata el interés y entusiasmo de su gente. Cada pintura habla del tiempo y dedicación que los habitantes de Pujilí se han tomado para hacer de su tierra un lugar llamativo y acogedor. En más de una ocasión he escuchado decir que una foto habla más que mil palabras. Es así con los murales colocados a lo largo de la calle principal. Hablan por si solos y enseñan que Pujilí es un lugar artesanal único.
El redondel que está ubicado en la calle principal es la señal que indica la entrada al centro de la ciudad. Los monumentos de indígenas con instrumentos musicales nos enseña una vez más la cultura y tradiciones de este pueblo. El danzante que está al frente del redondel despertó mi curiosidad por querer visitar este lugar en sus fiestas anuales. La celebración de la cosecha con los danzantes es una costumbre Incaica que se ha venido celebrando durante mucho tiempo y es algo que no he tenido la oportunidad de presenciar.
Los días de feria son los miércoles y domingos. Ahí se puede apreciar los productos que Pujilí ofrece. Lamentablemente mi visita a este lugar fue rápida, pero en el corto tiempo que estuve ahí pude darme cuenta que Pujilí es el lugar perfecto para quienes les interesa aprender de la cultura y arte indígena. Recorrí las calles, y mientras miraba a mi alrededor me di cuenta que a lo lejos se divisaba el escudo de la ciudad.
Estaba tan llamativo que decidimos acercarnos al lugar. Poco a poco se ven rótulos que señalan como llegar al "Mirador". Así es como se llama el lugar desde donde se puede apreciar la ciudad. Hay dos opciones para llegar arriba. La primera es subir unas POCAS gradas como se ve en la foto, y la segunda es ayudarse con el carro para adelantar algo. De cualquier manera, el mirador es un lugar llamativo para el turista, para quien quiera observar la ciudad o para quien le interese el ejercicio. Después de tomar unas cuantas fotos y observar que Pujilí es una ciudad grande, empezamos nuestra búsqueda de los sitios artesanales.
Nos habían hablado mucho de las creaciones en barro y cerámica que ofrece este sector y esa fue una de las razones principales por las cuales queríamos llegar el día de feria. Después de preguntar nos informaron que la alfarería se encontraba en la parroquia La Victoria, ubicada al norte de Pujilí a unos cuantos kilómetros de distancia, para lo cual tuvimos que regresar al redondel y seguir los rótulos a La Victoria.
De pronto mi alegría se desbordó al mirar algunos sitios llenos de confecciones en barro y cerámica. Los modelos hechos a mano por los artesanos se desplazan a lo largo de toda la avenida principal. Usted puede encontrar vasijas, maceteros, ollas, pondos, alcancías, floreros, platos, bandejas y un sin número de diseños hechos por alfareros profesionales que dedican su tiempo a elaborar obras maestras en este material.
Me compré una olla para preparar arroz en leña, unos platos y una vasija decorativa. Lamentablemente no tengo fotos, pero las agregaré en cuanto las tenga disponibles. Me quedé con muchas ganas de seguir visitando todos los sitios de venta en barro y cerámica pero no disponía del tiempo necesario. En fin, mi paseo a Pujilí resultó un viaje que valió la pena explorar. No había visto este tipo de artesanía desde hace unos 25 años, que fue la última vez que estuve presente en una feria de finados. Si a usted querido lector le gusta la artesanía indígena, y los productos de barro; entonces le recomiendo visitar Pujilí. Un lugar al cual yo pienso regresar y esta vez tomarme el tiempo de apreciar todo su encanto.






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