Que distintos son estos tiempos comparados a los de mi niñez. Crecí en la época donde el vecindario era como una segunda familia.
Todos nos conocíamos, realizábamos actividades juntos y hacíamos lazos que duraban toda la vida. No era raro ver a una vecina pedir prestado un ingrediente casero para terminar de cocinar. Los jóvenes se reunían en la esquina y hacía de las suyas, y hasta algunos de ellos conocían al amor de su vida en el vecindario.
Ahora ya no es así. Por lo menos acá en estos rumbos. En la calle donde vivo hay como unos 20 mini-edificios. Cada uno de tres pisos tiene como12 departamentos, y a veces parece que nadie viviera en ellos. Los carros en el parqueadero son los únicos que dan señales de vida. Después de casi dos años, entre 12 familias que entramos por la misma puerta para ser más específica, considero que no tenemos una relación de amistad con nadie, excepto EL VECINO.
En nuestro diario vivir, ya no era sorprendente ver al vecino en su constante lucha, caminando con esfuerzo para entrar a su apartamento. Algunas veces me he preguntado. Porqué el vecino no utiliza un caminador automático, de esos que hay en los supermercados. Porqué no se cambia a vivir en la planta baja en un departamento apto para gente con discapacidad? El esfuerzo diario que hace para llegar del carro a su hogar es sorprendente!
Mis hijos empezaron a formar una relación más cercana con el vecino. Uno de ellos inclusive lo busca para ver si está caminando en la acera o si ya entro a su hogar. Siempre pendiente, le ayuda a subir bolsas de compras, o simplemente le acompaña mientras el se dirige a casa caminando lentamente a altas horas de la noche. En una ocasión, al terminar de acompañar al vecino en su caminar, lo veo entrar sorprendido al mismo tiempo que me dice: Mami, sabes que? El vecino era maratonista. En sus años jóvenes fue un gran atleta. Competía en carreras y maratones. Gano algunas medallas. Mientras escucho a mi hijo, vienen a mi mente dos fotos. La una del vecino corriendo maratones y recibiendo medallas y la otra su imagen actual, un hombre encorvado y sostenido a un caminador. Que increíble! La verdad es que somos seres sensibles y diminutos. No tenemos por seguro nuestra condición del mañana, y debemos aprovechar el HOY cualquiera sea nuestra situación. Porque ponernos obstáculos en la vida? Porque rendirnos ante la adversidad?
El ser testiga de como el vecino lucha, me ha llevado a reconocer que aún hay mucho que dar. Disfrutemos de los privilegios que con la edad y el deterioro físico algún día se disiparán. Si todavía podemos caminar, correr, ver y disfrutar de todo lo que nos rodea. No nos quedemos sentados, lamentándonos de nuestra situación. No soñemos con lo que pudo haber sido y nunca fue. Enfrentemos nuestra realidad y sigamos adelante!
Esa misma noche mi hijo aprendió que el vecino nunca se casó y no tubo hijos. Ahora entiendo porque siempre esta sólo y nadie lo visita. Tiene una hermana que esta muy enferma y no puede venir a visitarlo. Mientras yo asimilaba los detalles que mi hijo me contaba, las excusas que he puesto durante mi vida se derrumbaban. Como es posible que nos enfoquemos en lo negativo de nuestra vida. Como ha veces nos segamos y no vemos todas las bendiciones que Dios nos ha dado en nuestra familia, en nuestros hijos, en todos quienes nos aman y se preocupan por nosotros. Hay regalos en la vida que no son físicos ni materiales. Regalos que llenan el alma y el corazón.
Y como siempre, la imagen del vecino luchando cada día con una sonrisa inmensa, me inspiro a soltarme de mi comodidad y esforzarme por cumplir el propósito para el cual vine a este mundo.
Querido lector, las excusas sólo satisfacen a quien las da, y la muerte es el único impedimento para dejar de luchar. Mientras haya vida ...hay esperanza! Como dijo Jesús: "A TI TE DIGO, ....LEVÁNTATE!

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